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Jesús acusa a escribas y fariseos

Mateo 23.1-36

1  Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos,  diciendo:

En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.

3  Así que,  todo lo que os digan que guardéis,  guardadlo y hacedlo;  más no hagáis conforme a sus obras,  porque dicen,  y no hacen.

4  Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar,  y las ponen sobre los hombros de los hombres;  pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.

5  Antes,  hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. (Mt. 6.1) Pues ensanchan sus filacterias, (Dt. 6.8) y extienden los flecos (Nm. 15.38) de sus mantos;

6  y aman los primeros asientos en las cenas,  y las primeras sillas en las sinagogas,

7  y las salutaciones en las plazas,  y que los hombres los llamen: Rabí,  Rabí.

8  Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí;  porque uno es vuestro Maestro,  el Cristo,  y todos vosotros sois hermanos.

9  Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra;  porque uno es vuestro Padre,  el que está en los cielos.

10  Ni seáis llamados maestros;  porque uno es vuestro Maestro,  el Cristo.

11  El que es el mayor de vosotros,  sea vuestro siervo. (Mt. 20.26-27; Mr. 9.35; 10.43-44; Lc. 22.26)

12  Porque el que se enaltece será humillado,  y el que se humilla será enaltecido. (Lc. 14.11;18.14)

13  Más  ¡ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres;  pues ni entráis vosotros,  ni dejáis entrar a los que están entrando.

14   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque devoráis las casas de las viudas,  y como pretexto hacéis largas oraciones;  por esto recibiréis mayor condenación.

15   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito,  y una vez hecho,  le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.

16   ¡Ay de vosotros,  guías ciegos!  Que decís: Si alguno jura por el templo,  no es nada;  pero si alguno jura por el oro del templo,  es deudor.

17   ¡Insensatos y ciegos!  Porque  ¿cuál es mayor,  el oro,  o el templo que santifica al oro?

18  También decís: Si alguno jura por el altar,  no es nada;  pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él,  es deudor.

19   ¡Necios y ciegos!  Porque  ¿cuál es mayor,  la ofrenda,  o el altar que santifica la ofrenda?

20  Pues el que jura por el altar,  jura por él,  y por todo lo que está sobre él;

21  y el que jura por el templo,  jura por él,  y por el que lo habita;

22  y el que jura por el cielo,  jura por el trono de Dios, (Is. 66.1; Mt. 5.34) y por aquel que está sentado en él.

23   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, (Lv. 27.30) y dejáis lo más importante de la ley: la justicia,  la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer,  sin dejar de hacer aquello.

24   ¡Guías ciegos,  que coláis el mosquito,  y tragáis el camello!

25   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato,  pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.

26   ¡Fariseo ciego!  Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato,  para que también lo de fuera sea limpio.

27   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, (Hech. 23.3)  que por fuera,  a la verdad,  se muestran hermosos,  más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.

28  Así también vosotros por fuera,  a la verdad,  os mostráis justos a los hombres,  pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.

29   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque edificáis los sepulcros de los profetas,  y adornáis los monumentos de los justos,

30  y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres,  no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas.

31  Así que dais testimonio contra vosotros mismos,  de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.

32   ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!

33   ¡Serpientes,  generación de víboras! (Mt. 3.7; 12.34; Lc. 3.7)  ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?

34  Por tanto,  he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas;  y de ellos,  a unos mataréis y crucificaréis,  y a otros azotaréis en vuestras sinagogas,  y perseguiréis de ciudad en ciudad;

35  para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra,  desde la sangre de Abel  (Gn. 4.8) el justo hasta la sangre de Zacarías  (2Cr. 24.20-21) hijo de Berequías,  a quien matasteis entre el templo y el altar.

36  De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.

Jesús acusa a escribas y fariseos

Mateo 23.1-36 Mr. 12.38-40; Lc. 11.37-54; 20.45-47

Mr. 12.38-40 38  Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas,  que gustan de andar con largas ropas,  y aman las salutaciones en las plazas, 39  y las primeras sillas en las sinagogas,  y los primeros asientos en las cenas; 40  que devoran las casas de las viudas,  y por pretexto hacen largas oraciones.  Estos recibirán mayor condenación.

Lc. 11.37-54 37  Luego que hubo hablado,  le rogó un fariseo que comiese con él;  y entrando Jesús en la casa,  se sentó a la mesa. 38  El fariseo,  cuando lo vio,  se extrañó de que no se hubiese lavado antes de comer. 39  Pero el Señor le dijo: Ahora bien,  vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato,  pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad. 40  Necios,  ¿el que hizo lo de fuera,  no hizo también lo de adentro? 41  Pero dad limosna de lo que tenéis,  y entonces todo os será limpio. 42  Mas  ¡ay de vosotros,  fariseos!  Que diezmáis la menta,  y la ruda,  y toda hortaliza,  y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios.  Esto os era necesario hacer,  sin dejar aquello. 43  ¡Ay de vosotros,  fariseos!  Que amáis las primeras sillas en las sinagogas,  y las salutaciones en las plazas. 44  ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Que sois como sepulcros que no se ven,  y los hombres que andan encima no lo saben. 45  Respondiendo uno de los intérpretes de la ley,  le dijo: Maestro,  cuando dices esto,  también nos afrentas a nosotros. 46  Y él dijo: ¡Ay de vosotros también,  intérpretes de la ley!  Porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar,  pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis. 47  ¡Ay de vosotros,  que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres! 48  De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres;  porque a la verdad ellos los mataron,  y vosotros edificáis sus sepulcros. 49  Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles;  y de ellos,  a unos matarán y a otros perseguirán, 50  para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo, 51  desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías,  que murió entre el altar y el templo;  sí,  os digo que será demandada de esta generación. 52  ¡Ay de vosotros,  intérpretes de la ley!  Porque habéis quitado la llave de la ciencia;  vosotros mismos no entrasteis,  y a los que entraban se lo impedisteis. 53  Diciéndoles él estas cosas,  los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera,  y a provocarle a que hablase de muchas cosas; 54  acechándole,  y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle.; 20.45-47 45  Y oyéndole todo el pueblo,  dijo a sus discípulos: 46  Guardaos de los escribas,  que gustan de andar con ropas largas,  y aman las salutaciones en las plazas,  y las primeras sillas en las sinagogas,  y los primeros asientos en las cenas; 47  que devoran las casas de las viudas,  y por pretexto hacen largas oraciones;  éstos recibirán mayor condenación.

Mateo 23.5 Mt. 6.1 Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres,  para ser vistos de ellos;  de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.

Mateo 23.5 Dt. 6.8 Y las atarás como una señal en tu mano,  y estarán como frontales entre tus ojos;

Mateo 23.5 Nm. 15.38 Habla a los hijos de Israel,  y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos,  por sus generaciones;  y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul.

Mateo 23.11 Mt. 20.26-27; Mr. 9.35; 10.43-44; Lc. 22.26

Mt. 20.26-27  26  Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,  27  y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;

Mr. 9.35 Entonces él se sentó y llamó a los doce,  y les dijo:  Si alguno quiere ser el primero,  será el postrero de todos,  y el servidor de todos.; 10.43-44 43  Pero no será así entre vosotros,  sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44  y el que de vosotros quiera ser el primero,  será siervo de todos.

Lc. 22.26 mas no así vosotros,  sino sea el mayor entre vosotros como el más joven,  y el que dirige,  como el que sirve.

Mateo 23.12 Lc. 14.11 Porque cualquiera que se enaltece,  será humillado;  y el que se humilla,  será enaltecido.; 18.14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro;  porque cualquiera que se enaltece,  será humillado;  y el que se humilla será enaltecido.

Mateo 23.32 Is. 66.1; Mt. 5.34

Is. 66.1 Jehová dijo así: El cielo es mi trono,  y la tierra estrado de mis pies;   ¿dónde está la casa que me habréis de edificar,  y dónde el lugar de mi reposo?

Mt. 5.34 Pero yo os digo:  No juréis en ninguna manera;  ni por el cielo,  porque es el trono de Dios;

Mateo 23.23 Lv. 27.30 Y el diezmo de la tierra,  así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles,  de Jehová es;  es cosa dedicada a Jehová.

Mateo 23.27 Hech. 23.3  Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti,  pared blanqueada!  ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley,  y quebrantando la ley me mandas golpear?

Mateo 23.33 Mt. 3.7; 12.34; Lc. 3.7

Mt. 3.7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo,  les decía: ¡Generación de víboras!  ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?; 12.34  ¡Generación de víboras!  ¿Cómo podéis hablar lo bueno,  siendo malos?  Porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Lc. 3.7 Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras!  ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?

Mateo 23.35 Gn. 4.8 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo.  Y aconteció que estando ellos en el campo,  Caín se levantó contra su hermano Abel,  y lo mató.

Mateo 23.35 2Cr. 24.20-21 20  Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías,  hijo del sacerdote Joiada;  y puesto en pie,  donde estaba más alto que el pueblo,  les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová?  No os vendrá bien por ello;  porque por haber dejado a Jehová,  el también os abandonará. 21  Pero ellos hicieron conspiración contra él,  y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo,  en el patio de la casa de Jehová.

Comentarios de

J.C. Ryle

Mateo 23.1-12

Damos principio á un capítulo que contiene las últimas palabras que nuestro Señor habló dentro de las paredes del templo, que tuvieron por objeto dar á conocer lo que eran los y fariseos, y censurar severamente  sus doctrinas y sus enseñanzas. Sabiendo bien que  su  permanencia en la tierra se acercaba á su fin, nuestro Señor ya no ocultó por más tiempo su opinión acerca de los principales maestros de los judíos. Sabía pronto habría de dejar á sus discípulos solos, como ovejas en medio de lobos, los previno sin ambages contra los falsos maestros que los rodeaban.

Los siguientes son los puntos más notables :

1. Que, en cuanto á los maestros, es importante hacer distinción i las funciones que ejercen y el ejemplo que dan. Los escribas y fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés. Bien ó mal desempeñaban entre los Judíos el cargo público de maestros de religión, por indigna que fuese la manera como cumpliesen con sus deberes, la dignidad de que estaban revestidos los hacia acreedores al respeto del pueblo. Empero, si bien había de acatarse su dignidad, no por eso debía imitarse su mala conducta; y aunque sus enseñanzas habían de ser atendidas y practicadas entre tanto que apegasen á las Escrituras, no debían serlo cuando estuviesen en contradicción con ese mismo libro santo. Que eso fue lo que nuestro Señor quiso decir se comprende fácilmente leyendo todo el capítulo. En él se atacan no solo la mala conducta, sino las doctrinas falsas.

Manifiesta el hombre una tendencia constante á irse á los extremos. Si no se mira la dignidad del ministro con una veneración idolátrica, hay riesgo de que se la desprecie sin rebozo. Es preciso precavernos de ambos extremos. Por mucho que desaprobemos la conducta de un ministro del Evangelio, ó por mucho que sus preceptos disuenen con nuestras convicciones, menester es que acatemos su dignidad.

2. Que la inconsecuencia, la ostentación, y el anhelo de enaltecerse, son señaladamente desagradables á Jesucristo. Respecto de la inconsecuencia lo primero que El dijo de los fariseos fue que decían y no Inician: es decir, que exigían que los demás hiciesen lo que ellos mismos no practicaban. En cuanto á la ostentación dijo que hacían todas sus obras para ser mirados de los hombres. Sus filacterias (tiras de pergamino que tenían escritos textos de la Escritura y que los judíos llevaban en el brazo ó en la frente) eran de un tamaño excesivo. Los flecos de sus vestidos (que Moisés había mandado á los Israelitas que usasen en memoria de los mandamientos de Dios) eran de una anchura desmedida. Num. 15:38. Y hacían todo eso para llamar la atención, y para que la gente pensara que eran muy santos. Por lo que hace al anhelo de enaltecerse nuestro Señor les dijo á los fariseos que amaban los primeros asientos en los lugares públicos, y que gustaban que se les diesen títulos lisonjeros. Nuestro Señor mencionó todo eso para censurarlo. Por desgracia, los fariseos no han sido los únicos hombres que han impuesto el asceticismo á los demás, y que aparentado santidad en su traje, han cortejado la alabanza de los hombres. Los anales de la iglesia muestran que muchos cristianos han seguido sus huellas.

3. Que los cristianos no deben dar á persona alguna aquellos títulos y honores que solo pertenecen á Dios y al Cristo. No debemos "llamar á nadie Padre en la tierra."

Desde luego se deja comprender que al aplicar esta regla es preciso ceñirse á los límites que la Escritura misma establece. No se nos prohíbe tener en grande estima a los ministros á causa de las funciones que ejercen. 1 Tes. 5:13. Aun Pablo, que fue uno de los creyentes más humildes, llamó á Tito hijo suyo en la fe, y dijo á los Corintios: "En Cristo Jesús yo os engendré por el Evangelio." 1 Cor. 4:15. Empero, es preciso cuidar de no dar á los eclesiásticos una posición y rango á que realmente no son acreedores. Ellos son hombres que tienen pasiones como las nuestras, y que necesitan de la misma sangre purificadora y el Espíritu Sanador. La carrera que siguen es elevadísima, mas, á pesar de esto, no son sino hombres.

Que la virtud que más debe distinguir al cristiano es la humildad, la aspiración más ardiente ha de ser, no la de regir la iglesia sino servir en ella. Como muy bien ha dicho Baxter, "la gran obligación del eclesiástico consiste en prestar grandes servicios." El anhelo de los fariseos era recibir honores y ser apellidados maestros el anhelo del cristiano debe ser el consagrarse á sí mismo y todo lo que tiene al servicio de los demás. La meta es á la verdad encumbrada, pero más baja no debiera contentarnos. Tanto el ejemplo de nuestro bendito Salvador, como los preceptos explícitos de las Epístolas, nos exigen que nos revistamos de humildad.

 

Comentarios de

J.C. Ryle

Mateo 23.13-33

Las inculpaciones que nuestro Señor hizo á los maestros judíos y que están contenidas en este pasaje alcanzan á ocho. De pié dentro del recinto del templo y rodeado de un atento concurso, el Salvador atacó en términos muy fuertes los errores de los escribas y fariseos. Ocho veces dijo á estos " ay de vosotros;" siete veces los llamó "hipócritas," dos, "guías ciegos," é "insensatos y ciegos;" y una, "serpientes, generación de víboras." Semejantes expresiones demuestran cuan abominable á los ojos de Dios es el espíritu farisaico, cualquiera que sea el lugar ó época en que se manifieste.

Daremos una rápida ojeada á las ocho inculpaciones, y luego apuntaremos las inferencias que de ellas se desprenden.

El primer " ¡ay!" fue motivado por la oposición sistemática que los escribas y fariseos hacían al Evangelio, cerrando así el reino de los cielos delante de los hombres. No creían en el Evangelio, y hacían todo lo posible para impedir que los demás creyesen en él.

El segundo " ¡ay!" fue arrancado por la avaricia y el egoísmo de los escribas y fariseos, quienes devoraban las casas de las viudas con color de largas oraciones. Abusaban hasta tal extremo de la credulidad de mujeres endebles y desamparadas, que ya habían llegado á ser considerados por ellas como sus guías espirituales,

El tercer "¡ay!" fue lanzado contra el celo que los escribas y fariseos desplegaban por adquirir adeptos. "Rodeaban la mar y la tierra por hacer un prosélito. Incesantemente trabajaban para persuadir á los hombres á que se unieran á su secta; y eso no los animara el deseo de mejorar el estado de sus almas, ó atraerlos hacia Dios: era solo que querían engrosar sus filas, y de ese modo adquirir celebridad.

El cuarto "¡ay!" fue pronunciado en contra de las doctrinas falsas acerca de los juramentos. Los escribas y fariseos hacían distinciones artificiosas entre las diversas clases de juramentos; y llenaban, como lo han hecho más tarde los jesuitas, que algunos juramentos eran de obligatorio cumplimiento, y otros no. Para ellos eran más sagrados los juramentos hechos por el oro del templo mismo. Distinción fue esa que redundó en mengua del tercer mandamiento y en provecho de sus autores, puesto que se daba importancia indebida á las limosnas y oblaciones. La costumbre de hacer poco caso de los juramentos era bien conocida en el mundo pagano como distintiva de los Judíos. Marcial, el poeta romano, hace alusión á ella:

" Ecce negas, jurasque mihi per templa Tonantlis;

Non credo: jura, verpe, per Anciualum,"  marcial, IX. 94.)

El quinto "¡ay!" hizo alusión á la práctica de ensalzar en religión las cosas de poca entidad con perjuicio de las de más importancia.

El sexto y el sétimo "¡ay!" son tan análogos que deben considerarse juntos. 'Con ellos atacó nuestro Señor un defecto de que adolecía, en general, la religión de los escribas y fariseos, quienes daban atención más al decoro exterior que á la pureza y santidad de corazón. Exteriormente estaban llenos de hipocresía y de iniquidad.

El último "¡ay!" fue lanzado contra la veneración que los fariseos fingían tener por los profetas que habían finado. Edificaban los sepulcros de los profetas, y adornaban los monumentos de los justos; y sin embargo su conducta estaba demostrando que eran del mismo modo de pensar de los que habían muerto á los profetas, y que, de los santos, más les gustaban los difuntos que los vivos. Relativamente a esto justo hay un pasaje en la Biblia Berlenberger que merece trascribirse.

"Si preguntabais en tiempo de Moisés quienes eran los hombres buenos, os dirían que Abran, Isaac y Jacob, pero no Moisés, que este debía ser apedreado. Si preguntabais en tiempo de Samuel, os dirían que Moisés y Josué, pero no Samuel. Si preguntáis en los días de Cristo os responderán que Samuel y loa profetas, pero no Cristo y sus apóstoles." He ahí el triste bosquejo que nuestro Señor hizo de los maestros judíos. Desgraciadamente el natural de ese bosquejo ha aparecido repetidas veces en la historia de la iglesia de Cristo. No hay rasgo del carácter de los fariseos que no hayan imitado algunos de los que se han llamado cristianos.

Cuan deplorable debió de ser el estado en que se encontraba la nación judía en la época en que nuestro Señor estuvo en la tierra. Si los maestros eran tales, cuan grande no seria la ignorancia de los discípulos. La iniquidad de Israel estaba al desbordarse: era ya tiempo que apareciese el Sol de Justicia y se predicase el Evangelio.

La posición del ministro infiel es en extremo peligrosa. El ser ciego es tan gran desgracia; pero mayor lo es el ser guía ciego de los demás. De todos los hombres ninguno es tan responsable de sus iniquidades como el ministro no convertido, y ninguno será juzgado con tanta severidad. A semejanza del piloto bisoño, él no es el único que sufre las fatales consecuencias de sus errores.

Del contenido de este pasaje no debe inferirse que lo más acertado en la materia religiosa es abstenerse de hacer profesión de fe. De que algunos son hipócritas no se sigue necesariamente que no haya verdadera profesión de fe, así como del hecho de que haya moneda falsa no se sigue que todo el dinero sea malo. Que la hipocresía no nos impida, pues, de hacer profesión de fe, ó seguir adelante con firmeza si ya la hubiéremos hecho.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Lamento de Jesús sobre Jerusalén

Mateo 23.37-39

37   ¡Jerusalén,  Jerusalén,  que matas a los profetas,  y apedreas a los que te son enviados!  ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos,  como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas,  y no quisiste!

38  He aquí vuestra casa os es dejada desierta.

39  Porque os digo que desde ahora no me veréis,  hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Lamento de Jesús sobre Jerusalén

Mateo 23.37-39 Lc. 13.34-35 34  ¡Jerusalén,  Jerusalén,  que matas a los profetas,  y apedreas a los que te son enviados!  ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos,  como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas,  y no quisiste! 35  He aquí,  vuestra casa os es dejada desierta;  y os digo que no me veréis,  hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

 

Comentarios de

J.C. Ryle

Mateo 23.34-39

Forman estos versículos la conclusión del discurso que nuestro Señor  pronunció acerca de los escribas y fariseos, y son notables contener las últimas palabras que enunció delante del pueblo en Su carácter de Maestro. En estos versículos se nos enseña, en primer lugar, cuánto hace Dios  por encarrilar á los impíos. Les envió á los judíos profetas, sabios y escribas; les dio repetidos avisos de sus designios; les censuró con frecuencia por sus pecados. En una palabra, ellos no podían decir que no se les había dicho que hacían mal.

Ese es el modo como Dios obra por lo regular con los impenitentes. No los arrebata de este mundo súbitamente y sin llamarlos al arrepentimiento; mas envíales enfermedades y desgracias á fin de conmoverlos; apela á su conciencia por medio de los sermones de los ministros del Evangelio ó de los consejos de buenos amigos; los hace meditar presentándoles el lúgubre espectáculo de la muerte, y quitándoles de su lado las personas más idolatradas. Cierto es que ellos rara vez lo reconocen así, y se mantienen sordos y ciegos ante todo anuncio, ante toda señal; mas al cabo percibirán que en todo estaba el dedo divino.

Enséñasenos, en segundo lugar, en estos versículos, que Dios observa como se trata á sus mensajeros  y ministros, y algún día pedirá cuenta de ello. Los judíos, colectivamente hablando, se habían conducido hacia los siervos de Dios de una manera vergonzosa, tratándolos como enemigos, porque les decían la verdad. Habían perseguido á los unos, y azotado ó muerto á otros. Tal vez habían llegado á imaginarse que no se les pediría cuenta alguna de su conducta; mas nuestro Señor les dijo que estaban equivocados; que había un ojo que todo lo veía, un dedo que registraba en libros de eterna memoria la sangre inocente que se derramaba; que las palabras de Zacarías, (Es digno de notarse que en el libro de las Crónicas se dice que Zacarías era hijo de Joiada, en tanto que nuestro Señor afirmó que lo fue de Barachías. De aquí no se sigue que el Zacarías mencionado en el Nuevo Testamento fuera distinto del mencionado en el Antiguo: es probable que, como era común entre los judíos, el padre de Zacarías tuviera dos nombres.) Quien había muerto entre el templo y el altar, se verían cumplidas en el decurso de ochocientos cincuenta años. El había dicho que Jehová lo viera y lo requiriera, y pocos años después de que nuestro Señor les habló se demandaría la sangre derramada de tal manera como jamás se había visto en la tierra. Todo el mundo sabe cuan fielmente se cumplieron esas predicciones. Con razón dijo nuestro Señor: " De cierto os digo, que todo esto vendrá sobre esta generación."

Es bueno que meditemos detenidamente acerca de esta verdad. Dios pedirá cuenta del pasado, sobre todo, en lo que respecta á la conducta observada para con sus siervos. Todavía habrá de rendirse cuenta de la sangre de los primeros cristianos derramada por los emperadores romanos; de la de los vallenses, los albigenses y las víctimas de San Bartolomé; y la de los mártires de la Reforma y las víctimas de la inquisición.

Enséñasenos, en último lugar, en estos versículos, que los que para siempre se condenan, se condenan por su propia culpa. He aquí las palabras de nuestro Señor á este respecto: " Quise juntar tus hijos... y no quisiste."

Jesucristo es compasivo y misericordioso para con muchos de los que se condenan, y el motivo por el cual no se salvan es que les falta voluntad para ello. Es correcto decir que ningún hombre puede obrar bien sin el auxilio divino, mas es preciso tener presente que donde reside la impotencia es en la voluntad. Jesucristo dijo : "Y no queréis venir á mí para que tengáis vida"

La salvación de los redimidos dimana de Dios: la condenación de los réprobos, de ellos mismos. Del mal que hay en nuestras vidas nosotros somos los únicos autores; del bien, lo es Dios. En el otro mundo los salvos darán á Dios toda la gloria; los condenados percibirán que ellos mismos labraron su propia ruina. 13:9.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Mateo
J.C. C Ryle
Libros CLIE
Galvani, 115, Terrassa (Barcelona)

 

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