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Jesús ante Pilato Mateo 27.1-2 1 Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte. 2 Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador |
Jesús ante Pilato
Mateo 27.1-2
Mr. 15.1; Lc. 23.12; Jn. 18.28-32 Lc. 23.12 Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí. Jn. 18.28-32 28 Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua. 29 Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? 30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. 31 Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie; 32 para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir. |
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Muerte de Judas Mateo 27.3-10 3 Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, 4 diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! 5 Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. 6 Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. 7 Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. 8 Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre. (Hch. 1.18-19) 9 Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; 10 y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor. (Zac. 11.12-13) |
Mateo 27.3-8 Hch. 1.18-19 18 Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. 19 Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. Mateo 27.9-10 Zac. 11.12-13 12 Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. 13 Y me dijo Jehová: Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro. |
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J.C. Ryle Mateo 27.1-10 En el principio del capítulo veinte y siete se refiere el acto por el cual entregaron á nuestro Señor en manos de los gentiles. Los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos lo condujeron ante Poncio Pilato el gobernador romano. En ese acontecimiento se percibe el dedo de Dios. En su divina providencia ordenó que los gentiles, así como los judíos, tomasen parte en la muerte de Jesús; y que los sacerdotes tuviesen que confesar públicamente que "el cetro había partido de Judá," puesto que no podían ejecutar á nadie sin acudir á los Romanos. El asunto de que tratan principalmente los versículos arriba trascritos es el triste fin del apóstol traidor, Judas Iscariote. Es un asunto muy instructivo. Pasemos á examinarlo. En el fin de Judas se deja ver una prueba muy clara de la inocencia de nuestro Señor. Si existía algún testigo que pudiese rendir testimonio contra nuestro Señor, Judas Iscariote era ese testigo. Habiendo sido su apóstol, habiéndolo acompañado en sus viajes y oído sus preceptos, tanto en público como en privado, él debía saber si su Maestro había hecho mal alguno de palabra ó de hecho. Además, desertor como era del círculo de discípulos y traicionado como había á su Señor, le convenía, á fin de salvar su reputación, el probar que Aquel á quien había entregado era culpable. ¿Por qué, pues, no se presentó Judas Iscariote? ¿Por qué no compareció ante el concilio judío á hacer una delación circunstanciada, si era que algo le constaba? ¿Por qué no osó acompañar á los príncipes de los sacerdotes al tribunal de Pilato para probarles á los Romanos que Jesús era un malhechor? La única contestación que puede darse es que Judas no se presentó como testigo, porque su conciencia no se lo permitió. Aunque era perverso no dejaba de saber que su Maestro era santo, inocente, sin mancha, puro y veraz. El fin de Judas nos enseña también, que hay un arrepentimiento que tiene lugar demasiado tarde. Se nos dice claramente que Judas se arrepintió y que se presentó ante los sacerdotes y les dijo que había pecado. Sin embargo, es evidente que el suyo no fue el arrepentimiento que salva. Es este un punto que merece atención especial. Es muy común el decir que "jamás es demasiado tarde para arrepentirse." El dicho es cierto en cuanto al verdadero arrepentimiento; más desgraciadamente los que tienen lugar tarde son muchas veces falsos. Puede suceder que un hombre tenga conciencia de haber pecado y sienta pesar por ello; que tenga convicción íntima de su maldad y sienta remordimientos; que su conciencia lo acuse y se alarme, y que no obstante todo eso no se arrepienta de corazón. Algún peligro inminente ó el temor de la muerte pueden haber sido la causa de esas emociones. Enséñasenos, además, con la muerte de Judas, cuan pequeño es el consuelo que la impiedad acarrea en los últimos momentos. Se nos dice que arrojó las treinta monedas de plata, por las cuales había vendido á su Maestro, en el templo, y se fue lleno de amargura. Ese dinero había sido caramente adquirido. No le proporcionó placer alguno aun cuando lo tuvo en su poder. "Los tesoros de maldad no serán de provecho." Prov. 10: 2. El pecado es, á la verdad, el más cruel de todos los amos. A los que le sirven se les hacen promesas muy halagüeñas, pero casi nada se les cumple. Los placeres que ofrece son efímeros. Los gajes que da son el pesar, el remordimiento, la convicción de la culpabilidad y muy á menudo la muerte. Los que para la carne siembran, siegan corrupción. La historia de Judas nos enseña finalmente, cuan triste es el fin que tiene el hombre que goza de grandes privilegios y no hace debido uso de ellos. Se nos dice que ese hombre desdichado se fue y se ahorcó. ¡Qué muerte tan horrible! Un apóstol de Jesucristo, un predicador del Evangelio, un compañero de Pedro y Juan comete suicidio, y apresura así ante la presencia de Dios sin haberse preparado y sin haber sido perdonado. No olvidemos jamás que ningunos pecadores son tan malos como los que pecan á despecho de sus luces y de su conocimiento. No hay duda de que es difícil explicar la circunstancia de que las palabras citadas en el versículo 9 como de Jeremías no se encuentran en ninguno de los escritos que de ese profeta poseemos, y que se encuentran en la profecía de Zacarías. De las varias explicaciones que se han hecho mencionaremos aquí las siguientes: 1. Que la profecía citada por Mateo fue realmente pronunciada por Jeremías, pero escrita por Zacarías. A favor de esta opinión puede alegarse que en los Actos 20:35 se cita un dicho de nuestro Señor que no se encuentra en los Evangelios. 2. Que San Mateo escribió en el original ''el profeta " sin mencionar nombre alguno, y que algún copista ignorante insertó la palabra Jeremías. A favor de este concepto puede alegarse que en la versión Siriaca, que es una de las más antiguas, solo dice "el profeta." 3. Que Mateo escribió en el original las palabras "el profeta Zacarías" y algún copista ignorante cambió el nombre en Jeremías. En los manuscritos frecuentemente se escribían los nombres en abreviatura, y iou y zou no son muy diferentes. Como Bunyan ha dicho, ningunos caen tan hondamente en el abismo como los que caen de espaldas. Y en el libro de los Proverbios está escrito: " El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado: ni habrá para él medicina." Prov. 29:1. |
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Pilato interroga a Jesús Mateo 27 11.14 11 Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 12 Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. 13 Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? 14 Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho. |
Pilato interroga a Jesús Mateo 27 11.14 Mr. 15.2-5; Lc. 23.3-5; Jn. 18.33-38 Mr. 15.2-5 2 Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. 3 Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. 4 Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. 5 Más Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba. Lc. 23.3-5 3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. 4 Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. 5 Pero ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí. Jn. 18.33-38 33 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? 34 Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? 35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? 36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. 37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. 38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. |
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Jesús sentenciado a muerte Mateo 27.15-31 15 Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. 16 Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. 17 Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 18 Porque sabía que por envidia le habían entregado. 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. 20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. 21 Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22 Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! 23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! 24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. 25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26 Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado. 27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; 28 y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, 29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. 31 Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. |
Jesús sentenciado a muerte Mateo 27.15-31 Mr. 15.6-20; Lc. 23.13-25; Jn. 18.38-19.16 Mr. 15.6-20 6 Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. 7 Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. 8 Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. 9 Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? 10 Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. 11 Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. 12 Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? 13 Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale! 14 Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! 15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. 16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. 17 Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, 18 comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! 19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. 20 Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle. Lc. 23.13-25 13 Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, 14 les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. 15 Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre. 16 Le soltaré, pues, después de castigarle. 17 Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. 18 Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás! 19 Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio. 20 Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús; 21 pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! 22 El les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré. 23 Más ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron. 24 Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían; 25 y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos. Jn. 18.38-19.16 Jn. 18.38-40 38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. 39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? 40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón. 19.16 1 Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. 2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; 3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! Y le daban de bofetadas. 4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. 5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre! 6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él. 7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. 8 Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. 9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Más Jesús no le dio respuesta. 10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? 11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. 12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone. 13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata. 14 Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! 15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. 16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. |
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Crucifixión y muerte de Jesús Mateo 27.32-56 32 Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz. 33 Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, 34 le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo. 35 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. (Sal. 22.18) 36 Y sentados le guardaban allí. 37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. 38 Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. 39 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, (Sal. 22.7; 109.25) 40 y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, (Mt. 26.61; Jn. 2.19) sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: 42 A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. 43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; (Sal. 22.8) porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. 44 Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él. 45 Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Sal. 22.1) 47 Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. 48 Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. (Sal. 69.21) 49 Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. 50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 51 Y he aquí, el velo (Ex. 26.31-33) del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52 y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 54 El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios. 55 Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, 56 entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. (Lc. 8.2-3) |
Crucifixión y muerte de Jesús Mateo 27.32-56 Mr. 15.21-41; Lc. 23.26-49; Jn. 19.17-30 Mr. 15.21-41 21 Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. 22 Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera. 23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. 24 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno. 25 Era la hora tercera cuando le crucificaron. 26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS. 27 Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. 28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos. 29 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! Tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, 30 sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. 31 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban. 33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34 Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? Que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35 Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. 36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. 37 Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. 38 Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. 40 También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, 41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. Lc. 23.26-49 26 Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. 27 Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. 28 Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. 29 Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. 30 Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. 31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? 32 Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. 33 Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. 35 Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. 36 Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, 37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38 Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. 39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. 40 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? 41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. 42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. 44 Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. 46 Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. 47 Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48 Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. 49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas. Jn. 19.17-30 17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. 20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. 21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. 22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. 23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. 24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados. 25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. 28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. 29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. 30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. |
Mateo 27.35 Sal. 22.18 Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Mateo 27.39 Sal. 22.7 Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; Ten misericordia de mí, y respóndeme.; 109.25 Yo he sido para ellos objeto de oprobio; Me miraban, y burlándose meneaban su cabeza. Mateo 27.40 Mt. 26.61 que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.; Jn. 2.19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Mateo 27.43 Sal. 22.8 Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Mateo 27.46 Sal. 22.1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Mateo 27.48 Sal. 69.21 Me pusieron además hiel por comida, Y en mi sed me dieron a beber vinagre. Mateo 27.51 Ex. 26.31-33 31 También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines; 32 y lo pondrás sobre cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata. 33 Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo. Mateo 27.55-56 Lc. 8.2-3 2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, 3 Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes. |
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Jesús es sepultado Mateo 27.57-61 57 Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. 58 Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. 59 Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, 60 y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. 61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro. |
Jesús es sepultado Mateo 27.57-61Mr. 15.42-47; Lc. 23.50-56; Jn. 19.38-42 Mr. 15.42-47 42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, 43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, 46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían. Lc. 23.50-56 50 Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. 51 Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, 52 fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 53 Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. 54 Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo. 55 Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. 56 Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento. Jn. 19.38-42 38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. 40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. 42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús. |
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Texto Bíblico
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Textos
Paralelos
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Referencias
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La guardia ante la tumba Mateo 27.62-66 62 Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, 63 diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. (Mt. 16.21; 17.23; 20.19; Mr. 8.31; 9.31; 10.33-34; Lc. 9.22; 18.31-33) 64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. 65 Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. 66 Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia. |
Mateo 27.63 Mt. 16.21; 17.23; 20.19; Mr. 8.31; 9.31; 10.33-34; Lc. 9.22; 18.31-33 Mt. 16.21 Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.; 17.23 y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.; 20.19 y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará. Mr. 8.31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.; 9.31 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día.; 10.33-34 33 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; 34 y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará. Lc. 9.22 y diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.; 18.31-33 31 Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. 32 Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. 33 Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. |
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| Comentarios de J.C. Ryle Mateo 27.57-66 Solo faltaba una cosa para asegurar á la humanidad de que el Redentor había cumplido la grande obra de la redención que había emprendido. Ese cuerpo santo sobre el cual gravitaron nuestros pecados, había de ser enterrado y de resucitar de nuevo. La resurrección había de ser el sello de toda la obra, la techumbre del gran edificio.Dios en su infinita sabiduría previo todas las objeciones que harían los escépticos, y dispuso los acontecimientos de manera que pudiesen ser fácilmente desvanecidas. ¿Murió realmente el Hijo de Dios? ¿Resucitó verdaderamente? ¿No seria su muerte una ilusión? ¿No habría algún engaño ó fraude en cuanto á la realidad de la resurrección? Estas y otras muchas objeciones se habrían hecho si hubiera habido oportunidad para ello. Más Aquel que ve el fin desde el principio previno toda objeción de esa clase. La muerte é inhumación de Jesús es un suceso que no puede revocarse á duda. Pilato da su beneplácito; un adicto discípulo envuelve el cuerpo en lino y lo coloca en una tumba cortada en una roca; los mismos príncipes de los sacerdotes ponen una guardia en el lugar donde el cuerpo ha sido depositado. Los Judíos y los gentiles, amigos y enemigos, todos á una testifican que Cristo murió realmente y fue enterrado. Ese es, pues, un hecho que no puede ser negado.De estos versículos se colige que nuestro Señor Jesucristo tiene discípulos de los cuales se sabe muy poco.El ejemplo que de esta verdad presenta el pasaje es muy notable. Un hombre llamado José, de Arimatea, se presentó, después que nuestro Señor había finado, y pidió permiso para enterrarlo. Ni antes ni después se nos hace mención de este hombre. Lo único que acerca de él sabemos es que era un discípulo que amaba y honraba á Jesús. En un momento en que los apóstoles habían abandonado á nuestro Señor, en un momento en que era peligroso tributarle gloria, en un momento en que no podría lograrse ningún provecho terreno de reconocerlo como Maestro, José se presenta y pide su cuerpo y lo coloca en su propio sepulcro.Este hecho es muy consolador. Nos está probando que en el mundo hay algunos hombres que viven en el sosiego y el retiro, que conocen al Señor y son reconocidos por El como discípulos, aunque la iglesia sabe muy poco acerca de ellos. También nos está probando que el pueblo cristiano posee distintos dones; que hay algunos que glorifican á Jesucristo de una manera pasiva y otros de una manera activa.En estos versículos se nos enseña por otra parte, que Dios tiene él poder de hacer que los designios de los malos redunden en su propia gloria.Las sospechas de los sacerdotes y los fariseos no calmaban aunque ya el cuerpo de Jesús estaba en el sepulcro. Se acordaron de que él había dicho algo acerca de resucitar, y se resolvieron á impedir su resurrección. Con ese fin ocurrieron á Pilato, y le pidieron una guardia de soldados romanos. Luego pusieron un centinela en la puerta. En una palabra, hicieron todo lo que estaba á su alcance para " asegurar " el sepulcro.No meditaron ellos lo que hacían; no se imaginaron que, inadvertidamente, estaban suministrando la prueba más completa de la resurrección de nuestro Señor, y que estaban impidiendo el que después se arguyese con algún asomo de razón que había habido engaño ó fraude. El sello, la guardia y todas las precauciones que tomaron serian bien luego otras tantas pruebas de la resurrección. Impedir que Jesús se levantase de la tumba era como impedir que saliese el sol ó que se elevasen las olas del mar. Cayeron en sus propios lazos. Sus ardides vinieron á ser otros tantos medios de manifestar la gloria de Dios.La historia de la iglesia de Cristo está llena de ejemplos de una especie análoga. Aquello que ha parecido más desfavorable para el pueblo de Dios ha resultado ser para su bien. ¿Qué perjuicio, por ejemplo, causó á la iglesia la persecución que empezó con el martirio de Esteban? Los que fueron diseminados fueron por todas partes predicando la palabra. Actos 7:4. ¿Qué males causó á San Pablo su encarcelamiento? Le dio oportunidad de escribir esas epístolas que se leen por todo el mundo. ¿Qué daños resultó á la causa de la reformación inglesa de la persecución de María la Sangrienta? La sangre de los mártires fue la semilla de la iglesia. ¿Qué sucede en nuestros días cuando sepersigue á los creyentes? Que se les acerca más hacia Cristo, y se les hace acogerse con más entusiasmo á la Biblia y al trono de la gracia. |
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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:
Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblicaLos Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:
La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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