El Santo Evangelio según
San Mateo

Porque por gracia sois salvos

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Jesús sana a un paralítico
Mateo 9.1-8

1 Entonces, entrando Jesús en la barca; pasó al otro lado y vino a su ciudad.
2 Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.
3 Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.
4 Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
5 Porque, ¿qué es más fácil decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?
6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.
7 Entonces él se levantó y se fue a su casa.
8 Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.
Jesús sana a un paralítico
Mateo 9.1-8
Mr. 2.1-12; Lc. 5.17-26
Mr. 2.1-12
1 Entró Jesús otra vez en Capernaúm después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. 2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. 3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. 4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. 5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: 7 ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? 8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? 9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): 11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa 12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.
Lc. 5.17-26 17 Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. 18 Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. 19 Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. 20 Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. 21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? 22 Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? 23 ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? 24 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 25 Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. 26 Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.
 
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias
Llamamiento de Mateo
Mateo 9.9-13

9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.
10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? (Lc. 15.1-2)
12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
13 Id, pues, y aprended lo que significa: (Mt.12.7) Misericordia quiero, y no sacrificio. (Os.6.6) Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
Llamamiento de Mateo
Mateo 9.9-13
Mr.2.13-17; Lc. 5.27-32
Mr.2.13-17
13 Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba. 14 Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió. 15 Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido. 16 Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? 17 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
Lc. 5.27-32 27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. 28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. 29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. 30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? 31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
Mateo 9.11 Lc. 15.1-2 1 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.
Mateo 9.13 Mt.12.7 Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes;
Mateo 9.13 Os.6.6 Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.

Comentarios de

J.C. Ryle

Mateo 9.1-13

En la primera parte de este pasaje se deja ver cuan grande es el conocimiento que nuestro Señor tiene de los pensamientos de los hombres.

A ciertos escribas les parecieron censurables y aun blasfemas las palabras que nuestro Señor dirigió al paralítico. Seguramente se figuraron que nadie sabía qué pensamientos se cruzaban en su mente. Les faltaba saber que el Hijo de Dios puede leer los corazones y percibir los más íntimos afectos. Para vergüenza suya, sus malévolas ideas fueron reveladas.

Esto nos enseña una lección muy útil. "Todas las cosas están descubiertas y abiertas á los ojos de aquel á quien tenemos que dar cuenta." Heb. 4.13. Nada puede permanecer oculto á los ojos de Jesús. ¿De qué pensamos en lo secreto cuando nadie nos ve? ¿De qué pensamos en la iglesia cuando parecemos tan formales y serios? ¿De qué estamos pensando en este momento mismo? Jesús lo sabe, lo ve, lo penetra, y algún día nos llamará á dar cuenta de ello. Escrito está: " El Señor que juzgará los secretos de los hombres conforme á mi Evangelio, por Jesucristo." Rom. 2.16.

Notemos, en segundo lugar, el singular llamamiento que Mateo recibió para hacerse discípulo de Jesucristo. Aquel que más tarde fue el primero en escribir el Evangelio estaba sentado al banco de los tributos. Acaso estaba absorto en el desempeño de sus funciones y pensaba en nada más que sus ganancias. Mas de súbito nuestro Señor lo excitó á que lo siguiese y se hiciese su discípulo. Al punto obedeció: levantóse y le siguió.

Que sea siempre uno de los principios fijos de nuestro sistema religioso que para Jesucristo nada hay imposible. El tiene poder para llamar á un recaudador de impuestos y hacerlo apóstol; para cambiar cualquier corazón y renovar todas las cosas. No perdamos jamás las esperanzas de la salvación de persona alguna. Continuemos trabajando y orando por el bien de las almas, aun de las más depravadas.

Notemos la resolución de Mateo. No se demoró, no se aguardó hasta otra ocasión más oportuna, Hechos 24.25; y por lo tanto, cosechó óptimos frutos. Escribió un libro que se conoce en todos los ámbitos del globo. Su alma recibió abundantes beneficios, y él hizo abundantes beneficios á los demás. Dejó tras sí un nombre que es más célebre que el de un príncipe ó un rey. Aun al más rico se le olvida pronto después de muerto; mas en tanto que el mundo exista, el nombre de Mateo el publicano será conocido de millones de hombres.

Notemos, por último, las preciosas palabras que nuestro Señor dijo acerca de su misión.

Los fariseos murmuraban contra él porque se asociaba con publícanos y pecadores. En su ciego orgullo se habían imaginado que un maestro que habla descendido del cielo no debía tener nada que hacer con semejantes gentes. Ignoraban el gran fin con el cual, según se había anunciado, había de venir el Mesías al mundo, á saber: el de salvar y redimir las almas que estaban agobiadas por el pecado. Nuestro Señor, por tanto, los reconvino y pronunció estas benditas palabras: " No he venido á llamar los justos, sino los pecadores a arrepentimiento."

Fijémonos en su sentido. Lo primero que el pecador necesita es tener la conciencia de su propia corrupción, y sentir voluntad de acudir á Jesucristo para obtener su auxilio. Ni debe dejar de acudir porque sepa que es malo, depravado é indigno, pues menester es que recuerde que fue á los pecadores que el Redentor vino á salvar, y que si se cree pertenecer á ese número, todo va bien.

No vayamos á pensar que los verdaderos cristianos puedan llegar en este mundo á tal grado de perfección que ya no necesiten de la mediación é intercesión de Jesucristo. Como pecadores acudimos á El; como pecadores vivimos, recibiendo del cielo toda la gracia que poseemos, y como pecadores nos acercaremos al bordo del sepulcro.

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Referencias

La pregunta sobre el ayuno
Mateo 9.14-17

14 Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
15 Jesús les dijo:
¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo le será quitado, y entonces ayunarán.
16
Nadie pone remiendo de un paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.
17 Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.

La pregunta sobre el ayuno
Mateo 9.14-17
Mr.2.18-22; Lc. 5.33-39

Mr.2.18-22
18  Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban;  y vinieron,  y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan,  y tus discípulos no ayunan? 19  Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo?  Entre tanto que tienen consigo al esposo,  no pueden ayunar. 20  Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado,  y entonces en aquellos días ayunarán. 21  Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo;  de otra manera,  el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo,  y se hace peor la rotura. 22  Y nadie echa vino nuevo en odres viejos;  de otra manera,  el vino nuevo rompe los odres,  y el vino se derrama,  y los odres se pierden;  pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

Lc. 5.33-39
33  Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones,  y asimismo los de los fariseos,  pero los tuyos comen y beben? 34  El les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen,  entre tanto que el esposo está con ellos? 35  Más vendrán días cuando el esposo les será quitado;  entonces,  en aquellos días ayunarán. 36  Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo;  pues si lo hace,  no solamente rompe el nuevo,  sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. 37  Y nadie echa vino nuevo en odres viejos;  de otra manera,  el vino nuevo romperá los odres y se derramará,  y los odres se perderán. 38  Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar;  y lo uno y lo otro se conservan. 39  Y ninguno que beba del añejo,  quiere luego el nuevo;  porque dice: El añejo es mejor.

 
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Referencias

La hija de Jairo y la mujer que tocó el manto de Jesús

Mateo 9.18-26

18 Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; más ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.

19 Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos.

20 Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto;

21 porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto seré salva.

22 Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.

23 Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto,

24 les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él.

25 Pero cuado la gente había sido echada fuera; entró y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó.

26 Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra.

La hija de Jairo y la mujer que tocó el manto de Jesús

Mateo 9.18-26 Mr. 5.21-43; Lc. 8.40-56

Mr. 5.21-43 21  Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla,  se reunió alrededor de él una gran multitud;  y él estaba junto al mar. 22  Y vino uno de los principales de la sinagoga,  llamado Jairo;  y luego que le vio,  se postró a sus pies, 23  y le rogaba mucho,  diciendo: Mi hija está agonizando;  ven y pon las manos sobre ella para que sea salva,  y vivirá. 24  Fue,  pues,  con él;  y le seguía una gran multitud,  y le apretaban. 25  Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, 26  y había sufrido mucho de muchos médicos,  y gastado todo lo que tenía,  y nada había aprovechado,  antes le iba peor, 27  cuando oyó hablar de Jesús,  vino por detrás entre la multitud,  y tocó su manto. 28  Porque decía: Si tocare tan solamente su manto,  seré salva. 29  Y en seguida la fuente de su sangre se secó;  y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30  Luego Jesús,  conociendo en sí mismo el poder que había salido de él,  volviéndose a la multitud,  dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? 31  Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta,  y dices: ¿Quién me ha tocado? 32  Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. 33  Entonces la mujer,  temiendo y temblando,  sabiendo lo que en ella había sido hecho,  vino y se postró delante de él,  y le dijo toda la verdad. 34  Y él le dijo: Hija,  tu fe te ha hecho salva;  ve en paz,  y queda sana de tu azote. 35  Mientras él aún hablaba,  vinieron de casa del principal de la sinagoga,  diciendo: Tu hija ha muerto;  ¿para qué molestas más al Maestro? 36  Pero Jesús,  luego que oyó lo que se decía,  dijo al principal de la sinagoga: No temas,  cree solamente 37  Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro,  Jacobo,  y Juan hermano de Jacobo. 38  Y vino a casa del principal de la sinagoga,  y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. 39  Y entrando,  les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis?  La niña no está muerta,  sino duerme. 40  Y se burlaban de él.  Mas él,  echando fuera a todos,  tomó al padre y a la madre de la niña,  y a los que estaban con él,  y entró donde estaba la niña. 41  Y tomando la mano de la niña,  le dijo: Talita cumi;  que traducido es: Niña,  a ti te digo,  levántate. 42  Y luego la niña se levantó y andaba,  pues tenía doce años.  Y se espantaron grandemente. 43  Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese,  y dijo que se le diese de comer.

Lc. 8.40-56 40  Cuando volvió Jesús,  le recibió la multitud con gozo;  porque todos le esperaban. 41  Entonces vino un varón llamado Jairo,  que era principal de la sinagoga,  y postrándose a los pies de Jesús,  le rogaba que entrase en su casa; 42  porque tenía una hija única,  como de doce años,  que se estaba muriendo.  Y mientras iba,  la multitud le oprimía. 43  Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años,  y que había gastado en médicos todo cuanto tenía,  y por ninguno había podido ser curada, 44  se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto;  y al instante se detuvo el flujo de su sangre. 45  Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado?  Y negando todos,  dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro,  la multitud te aprieta y oprime,  y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? 46  Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado;  porque yo he conocido que ha salido poder de mí. 47  Entonces,  cuando la mujer vio que no había quedado oculta,  vino temblando,  y postrándose a sus pies,  le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado,  y cómo al instante había sido sanada. 48  Y él le dijo: Hija,  tu fe te ha salvado;  ve en paz. 49  Estaba hablando aún,  cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto;  no molestes más al Maestro. 50  Oyéndolo Jesús,  le respondió: No temas;  cree solamente,  y será salva. 51  Entrando en la casa,  no dejó entrar a nadie consigo,  sino a Pedro,  a Jacobo,  a Juan,  y al padre y a la madre de la niña. 52  Y lloraban todos y hacían lamentación por ella.  Pero él dijo: No lloréis;  no está muerta,  sino que duerme. 53  Y se burlaban de él,  sabiendo que estaba muerta. 54  Mas él,  tomándola de la mano,  clamó diciendo: Muchacha,  levántate. 55  Entonces su espíritu volvió,  e inmediatamente se levantó;  y él mandó que se le diese de comer. 56  Y sus padres estaban atónitos;  pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido.

 

Comentarios de

J.C. Ryle

Mateo 9.14-26

Notemos en este pasaje el dictado que nuestro Señor se aplicó á sí mismo. Se dio el título de esposo.

Lo que el esposo es hacia la esposa, nuestro Señor es hacia las almas de los que creen en él. El amor que para con ellas siente es eterno: únelas á sí mismo; hace expiación por sus culpas; provee á sus necesidades diarias; las compadece en todas sus angustias; sobrelleva sus debilidades, y no las rechaza por unas pocas flaquezas; considera como perseguidores suyos á los que las persiguen; y algún día las permitirá participar de la gloria que él ha recibido de su Padre, de manera que donde él esté ellas también estarán. Tales son los privilegios de los cristianos, y tal la herencia que por su fe recibirán. ¡Bienaventurados son á la verdad los que creen!

Notemos en seguida qué regla tan prudente fue la que nuestro Señor estableció relativamente á la conducta que debe observarse con los neófitos.

Algunos individuos murmuraban contra los discípulos de nuestro Señor porque no ayunaban como los discípulos de Juan. Nuestro Señor los defendió con un argumento profundamente sabio: dijo que no era propio que ayunaran en tanto que el esposo estaba con ellos. Ni se detuvo ahí en sus observaciones, mas prosiguió á manifestar que es preciso tratar con suavidad á los neófitos, enseñándoles solo aquellas doctrinas que se hallan en aptitud de comprender y evitando el forzarlos á que acepten todo desde el principio; y dijo que proceder de otra manera sería cometer una insensatez semejante á la del que pusiera vino fresco en cueros viejos, ó echara un remiendo de paño nuevo en un vestido viejo.

En materias religiosas debe cuidarse, pues, de no dar demasiada importancia á lo que es de un orden secundario, y ni exigir con afán y con escrúpulo la conformidad á una regla que versa sobre cuestiones indiferentes, hasta tanto que no se hayan inculcado los dos principios cardinales de la fe y el arrepentimiento. Para proceder con tino en esta materia es preciso que hagamos uso del sentido común y que imploremos el auxilio divino.

Notemos, además, que nuestro Señor estime la fe, aun la más débil.

Cuéntasenos que una mujer que sufría mucho de una grave enfermedad, pasando por en medio de la multitud y siguiendo detrás de nuestro Señor, le tocó la orla de su vestido, con la esperanza que de ese modo sería curada. No dijo una sola palabra para pedir socorro, ni hizo profesión pública de su fe; mas tenia confianza de que con tocar apenas el manto de Jesús obtendría la salud. Y así sucedió: en lo que ella hizo se manifestó un germen de fe que nuestro Señor aprobó. Inmediatamente fue sanada y regresó á su casa llena de sosiego. Como muy bien dijo un escritor antiguo, "vino temblando y volvió victoriosa."

Por último, notemos cuan grande es el poder del Señor. Le devolvió la vida á una muerta.

¡Cuan maravillosa no debe de haber sido esa escena! ¿Que persona que haya visto un cadáver podrá olvidar cuan rígidos y yertos se ponen los miembros cuando la respiración ha terminado? ¿Quién podrá dejar de percibir que se efectúa un cambio extraordinario, y que entre los que expiren y los vivos se abre un abismo insondable? Más ved como el Señor entra al aposento donde está el cadáver y hace penetrar de nuevo al espíritu en su morada terrenal. Vuelve á palpitar el corazón; se abren los ojos; la respiración se restablece: es que la hija del príncipe ha sido resucitada y puede una vez más recibir las caricias de sus padres. ¡Aquel fue, á la verdad, un acto de omnipotencia! Solo el Ser que creó al hombre pudo haberlo ejecutado.

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Referencias

Dos ciegos reciben la vista

Mateo 9.27-31

27 Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!

28 Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos y Jesús les dijo: ¿Creéis que pudo hacer esto? Ellos dijeron: Si Señor.

29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.

30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.

31 Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.

   
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Un mudo habla

Mateo 9.32-34

32 Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mundo, endemoniado.

33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.

34 Pero los fariseos decía: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios (Mt. 10.25; Mt. 12.24; Mr. 3.22; Lc. 11.15)

 

Mateo 9.34 Mt. 10.25; Mt. 12.24; Mr. 3.22; Lc. 11.15

Mt. 10.25 Bástale al discípulo ser como su maestro,  y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzeb,  ¿cuánto más a los de su casa?

Mt. 12.24 Mas los fariseos,  al oírlo,  decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú,  príncipe de los demonios.

Mr. 3.22 Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú,  y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.

Lc. 11.15 Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú,  príncipe de los demonios,  echa fuera los demonios.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

La mies es mucha

Mateo 9.35-38

35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo (Mt. 4.23; Mr. 1.39; Lc. 4.44)

36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellos porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor (1R.22.17; 2Cro.18.16; Zac. 10.2)

37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.

38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. (Lc. 10.2)

 

Mateo 9.35 Mt. 4.23; Mr. 1.39; Lc. 4.44

Mt. 4.23 Y recorrió Jesús toda Galilea,  enseñando en las sinagogas de ellos,  y predicando el evangelio del reino,  y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Mr. 1.39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea,  y echaba fuera los demonios.

Lc. 4.44 Y predicaba en las sinagogas de Galilea.

Mateo 9.35 1R.22.17; 2Cro.18.16; Zac. 10.2

1R.22.17 Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes,  como ovejas que no tienen pastor;  y Jehová dijo:  Estos no tienen señor;  vuélvase cada uno a su casa en paz.

2Cro.18.16 Entonces Micaías dijo:  He visto a todo Israel derramado por los montes como ovejas sin pastor;  y dijo Jehová:  Estos no tienen señor;  vuélvase cada uno en paz a su casa.

Zac. 10.2 Porque los terafines han dado vanos oráculos,  y los adivinos han visto mentira,  han hablado sueños vanos,  y vano es su consuelo;  por lo cual el pueblo vaga como ovejas,  y sufre porque no tiene pastor.

Mateo 9.37 Lc. 10.2 Y les decía: La mies a la verdad es mucha,  mas los obreros pocos;  por tanto,  rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

Comentarios de

J.C. Ryle

Mateo 9.27-38

Al leer este pasaje se nota, en primer lugar, que algunas veces se encuentra fe firme en el Salvador donde menos se espera. ¿Quién hubiera pensado que dos ciegos llamarían al Señor "Hijo de David"? Ellos, por supuesto, no vieron los milagros que hizo, y solo lo conocían por el decir de las gentes. Mas, si bien tenían velados los ojos, la mente les fue iluminada, y así percibieron la verdad que los fariseos no alcanzaron á penetrar: conocieron que Jesús Nazareno era el Mesías, y que podía curarlos.

Ejemplos de esta clase nos demuestran que jamás debemos desconfiar de la salvación de alguna persona porque esté rodeada de circunstancias desfavorables para su alma. La vida religiosa no depende solo de las circunstancias externas. El Espíritu Santo puede conceder fe á los ignorantes, á los pobres y á los que viven privados de casi todos los medios de gracia. Sin el auxilio del Espíritu Santo el pecador puede comprender todas las doctrinas y vivir á la plena luz del Evangelio, mas no podrá sin ese auxilio obtener la salvación.

En el último día se presenciará un espectáculo sorprendente: muchos postreros serán primeros y primeros postreros. Mat. 20:16.

Se advierte, en segundo lugar, que nuestro Señor Jesucristo presenció muchas enfermedades y padecimientos. Iba por todas las ciudades y aldeas haciendo obras de misericordia. Fue testigo ocular de todos los achaques á que la carne está sujeta; vio sufrimientos de toda especie, de todo linaje; y se asoció con enfermos do distintos clases. Ninguno era tan asqueroso que El no quisiese cuidarlo y aliviarlo: ninguno tan gravemente enfermo que no pudiese curarlo.

Este hecho es para el cristiano muy consolador. Todos estamos revestidos de cuerpos débiles y delicados. Acaso de un momento á otro se nos llame á velar al lado del lecho de un pariente ó de un amigo, y tendremos que presenciar sus padecimientos y agonías; ó acaso nosotros mismos seamos atacados de una grave enfermedad y tengamos que experimentar agudos dolores. Más cobremos ánimo con la idea de que Jesús es el amigo de los enfermos. Ese Sumo Sacerdote á quien es de nuestro deber acudir por el perdón y la paz, es tierno y compasivo para con los que padecen del cuerpo así como para los que sufren del alma. Los ojos del Rey de reyes muchas veces miraron con ternura á los enfermos. Felices los que confían, en El.

Es de notarse, en tercer lugar, cuan grande era el interés que sentía nuestro Señor por los que carecían de privilegios espirituales. Vio muchedumbres cuando estuvo en la tierra, que estaban dispersas como ovejas sin pastor, y se conmovió profundamente. Viéndolas abandonadas por los que estaban en el deber de instruirlas, y sumidas en la ignorancia, el desamparo y la degradación, apiadóse de ellas. Ese tierno corazón no podía permanecer impasible en presencia de tal espectáculo.

Ahora bien, ¿qué experimentamos nosotros cuando vemos otros semejantes? Hay millones de idólatras y paganos en la tierra; millones de mahometanos ilusos; millones de supersticiosos romanistas; millares de protestantes ignorantes cerca de nuestras puertas. ¿Nos afanamos por la felicidad de sus almas? ¿Los compadecemos por su carencia de privilegios espirituales? ¿Deseamos auxiliarlos? Preguntas son estas de la más seria importancia. El hombre que es indiferente á la conversión de los incrédulos no puede tener el espíritu de Jesucristo. 1 Cor. 2.16.

Es de observarse, por último, que á todos los cristianos que deseen el bien de los no convertidos, les incumbe un deber solemne. Están en el deber de orar que haya más hombres que se dediquen á la obra de convertir las almas. "Bogad pues,"dijo Jesús," al Señor de la mies, que envíe obreros á su mies."

Si acostumbramos orar cumplamos escrupulosamente este precepto de nuestro Señor. Bueno es trabajar personalmente por el bien de las almas, bueno es también dar dinero; mas es todavía mejor orar, pues por medio de la oración propiciamos aquel Ser sin cuyo auxilio todo esfuerzo y todo gasto es estéril-el Espíritu Santo. Con el dinero se sostiene á los misioneros; las universidades instruyen; las congregaciones eligen; los obispos ordenan; mas tan solo el Espíritu Santo puede crear ministros del Evangelio, y hacer que los legos coadyuven en la cosecha espiritual. No olvidemos, pues, el deber de orar.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Mateo
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